Quienes somos Contáctanos Publicar Admin


www.indymedia.org

Projects
climate
print
radio
satellite tv
video

Pacific
adelaide
aotearoa
brisbane
jakarta
melbourne
sydney

Africa
nigeria
south africa

Europe
athens
austria
barcelona
belgium
bristol
cyprus
euskal herria
finland
germany
ireland
italy
madrid
netherlands
norway
portugal
prague
russia
sweden
switzerland
thessaloniki
united kingdom

Canada
alberta
hamilton
maritimes
montreal
ontario
ottawa
quebec
thunder bay
vancouver
victoria
windsor

Latin America
argentina
bolivia
brasil
chiapas
chile
colombia
ecuador
mexico
peru
qollasuyu
rosario
tijuana
uruguay

South Asia
india
mumbai

West Asia
israel
palestine

United States
arizona
atlanta
austin
baltimore
boston
buffalo
central florida
chicago
danbury, ct
dc
eugene
hawaii
houston
idaho
ithaca
la
madison
maine
michigan
milwaukee
minneapolis/st. paul
new jersey
new mexico
north carolina
north texas
ny capital
nyc
philadelphia
portland
richmond
rochester
rocky mountain
san diego
san francisco bay area
santa cruz, ca
seattle
st louis
urbana-champaign
utah
vermont
western mass

Process
discussion
fbi/legal updates
indymedia faq
mailing lists
process & imc docs
tech
volunteer

¿POR QUÉ CAYÓ LA UNIÓN SOVIÉTICA?

EL MILITANTE (05/01/2006 07:18)

UN ANÁLISIS MARXISTA DE TED GRANT PUBLICADO POR LA FUNDACIÓN FEDERICO ENGELS DE MADRID.
 http://www.engels.org

Balance de Octubre




Los avances de la economía planificada

Miré al futuro, tan lejos como alcanza el ojo humano.
Vi la Visión del mundo, y todas las maravillas que serían.

Alfred Tennyson






La Revolución Rusa de 1917 fue uno de los acontecimientos más grandes de la historia. Por primera vez, si dejamos aparte el episodio heroico de la Comuna de París, millones de obreros y campesinos oprimidos tomaron el poder político en sus propias manos, barriendo la dominación despótica de los capitalistas y los terratenientes, y empezaron la creación de un orden socialista mundial. Destruyendo el viejo régimen zarista que había dominado durante mil años, conquistaron una sexta parte de la superficie del planeta. El ancien régime fue sustituido por el gobierno de un nuevo sistema estatal democrático: el Sóviet de Diputados Obreros, Soldados y Campesinos. Marcaba el inicio de la revolución mundial, inspirando los sueños y aspiraciones de millones de personas en todo el mundo que habían soportado la pesadilla de la Primera Guerra Mundial. A pesar del terrible atraso de Rusia, la nueva República Socialista Soviética representaba una amenaza decisiva para el orden capitalista mundial. Sembró el pánico en los círculos burgueses, que correctamente la consideraban como una amenaza para su poder y sus privilegios, pero se consolaban con la noción de que el régimen bolchevique sólo iba a durar unas cuantas semanas. Las relaciones de propiedad nacionalizada que surgieron de la revolución, cimientos de un sistema social totalmente nuevo, entraban en conflicto directo con la forma capitalista de sociedad. A pesar del surgimiento del estalinismo, este antagonismo fundamental se mantuvo hasta el colapso de la Unión Soviética. Incluso en el momento actual, los acontecimientos en Rusia siguen conjurando la política mundial, cual fantasma de Banquo que ensombrece continuamente los festejos de la clase capitalista.

Para poder apreciar en su totalidad el alcance de estos logros, es necesario recordar el punto de partida. En su afán por desacreditar las ideas del auténtico socialismo, los voceros del "libre mercado" se olvidan convenientemente de unos pocos detalles. En 1917, la Rusia zarista era en la práctica mucho más atrasada que la India actual. Estaba muy por detrás de Occidente. Era la tierra bárbara del arado medieval de madera, utilizado por campesinos que sólo hacía dos generaciones que habían conseguido emanciparse de la servidumbre. Rusia había sido dominada por el despotismo zarista durante siglos. La clase obrera industrial era una pequeña minoría, menos de cuatro millones de un total de 150 millones de habitantes. El 70% de la población no sabía leer ni escribir. El capitalismo ruso era extremadamente débil y se apoyaba en las muletas del capital extranjero: los franceses, británicos, alemanes, belgas y otras potencias occidentales controlaban el 90% de las minas rusas, el 50% de su industria química, más del 40% de la metalúrgica y el 42% de las acciones bancarias. La Revolución de Octubre intento transformar todo esto, mostrando una salida a los trabajadores de todos los países y preparando el camino para la revolución socialista mundial. A pesar de los enormes obstáculos y problemas, la economía planificada revolucionó las fuerzas productivas en la URSS y sentó las bases para una economía moderna. El periodo entre las dos guerras mundiales vio el desarrollo de la industria pesada en una serie de Planes Quinquenales y puso los cimientos para el desarrollo de los años de la posguerra.

En 1936 Trotsky escribió: "El mérito imperecedero del régimen de los sóviets estriba en la lucha tan ruda, y generalmente eficaz, contra una barbarie secular (...) El régimen soviético está pasando por una fase preparatoria en la que importa, asimila, se apodera de las conquistas técnicas y culturales de Occidente" (L. Trotsky, La Revolución Traicionada, p. 61). Desde entonces, la economía soviética avanzó con botas de siete leguas. En los cincuenta años que van de 1913 (el punto álgido de la producción de preguerra) a 1963, a pesar de dos guerras mundiales, la intervención extranjera y la guerra civil, entre otras calamidades, la producción industrial total creció más de 52 veces. La cifra correspondiente para los EEUU fue menos de seis veces, mientras que Gran Bretaña a duras penas duplicó su producción. En otras palabras, en unas pocas décadas, gracias a la economía planificada, la Unión Soviética se transformó de una economía agrícola atrasada en la segunda potencia más importante del globo, con una poderosa base industrial, un alto nivel cultural y más científicos que EEUU y Japón juntos.

Desde un punto de vista marxista, la función de la técnica es economizar trabajo humano. En el periodo de cincuenta años que va de 1913 a 1963, el crecimiento de la productividad del trabajo en la industria, el índice clave del desarrollo económico, creció un 73% en Gran Bretaña y el 332% en los EEUU. En la URSS, la productividad del trabajo en el mismo periodo creció en un 1.310%, aunque partía de una base muy inferior. Los periodos de tremendo avance económico en Rusia coincidieron en general con periodos de crisis o estancamiento en el Occidente capitalista. Las zancadas adelante de la industria soviética en los años 30 coincidieron con la gran crisis y depresión en el mundo capitalista, acompañada por paro masivo y pobreza crónica. Entre 1929 y 1933 la producción industrial americana cayó un 48,7%. La American National Research League estimaba el numero de parados en marzo de 1933 en 17.920.000. En Alemania había más de seis. Estas comparaciones por sí solas nos muestran gráficamente la superioridad de la economía planificada sobre la anarquía de la producción capitalista.

En la antigua URSS, en una población que creció un 15 por ciento, el número de técnicos se multiplicó por 55; el número de estudiantes a tiempo completo, por seis; el número de libros publicados, por 13; las camas de hospital casi por diez; los niños atendidos en guarderías, por 1.385. El número de médicos por 100.000 habitantes era de 205, comparado con 170 en Italia y Austria, 150 en EEUU, 144 en Alemania Occidental, 110 en Gran Bretaña, Francia y Holanda y 101 en Suecia. La esperanza de vida se duplicó y la mortalidad infantil se redujo a una novena parte. Entre 1955 y 1959, el suelo urbano edificado (estatal y cooperativo) más que se duplicó, mientras que el sector privado se multiplicó por tres. En 1972, el número de médicos había aumentado desde 135.000 a 484.000 y el número de camas de hospital de 791.000 a 2.224.000.

A pesar del duro golpe que representó para la agricultura la colectivización forzosa de Stalin en los años 30, del que nunca se recuperó completamente, también hubo progreso en este terreno, permitiendo a Rusia alimentar adecuadamente a su población. Un avance económico de estas características, en un espacio de tiempo tan breve, no tiene ningún parangón en ninguna parte del mundo. Estos logros contrastan brutalmente con la situación extrema de las masas en la India, Pakistán y el resto del Tercer Mundo. Este avance de la economía soviética es todavía más increíble dado el atraso crónico que caracterizaba su punto de partida. La vieja economía zarista, un país semifeudal con algunos islotes de economía moderna, principalmente en manos de capital extranjero, quedó hecha añicos en la Primera Guerra Mundial. Después de ella hubo dos revoluciones, la guerra civil, el bloqueo imperialista y la intervención extranjera y una hambruna en la que murieron seis millones de personas. A esto hay que añadir los millones de trabajadores, campesinos, técnicos y científicos que murieron, primero en el periodo de colectivización forzosa y luego en las grandes purgas de los años 30. La planificación burocrática empujó la economía hacia adelante, pero a un coste tres veces mayor comparado con la revolución industrial en Occidente. El peso muerto de la mala gestión, el despilfarro, la corrupción y la burocracia asfixiaba la economía hasta llegar a detenerla completamente.

La Segunda Guerra Mundial en Europa fue un nuevo testimonio de los logros de la economía planificada. En realidad, la guerra había quedado reducida a una batalla titánica entre la URSS y la Alemania nazi, con Gran Bretaña y los EEUU como meros espectadores. El coste para la URSS se calcula en 27 millones de muertos. Un millón de personas murió solamente en el asedio de Leningrado. Vastas extensiones de Rusia fueron anexionadas por Hitler o completamente destruidas por la política de tierra quemada de los nazis. Casi el 50% del espacio urbano edificado en el territorio ocupado (1,2 millones de casas) fue destruido, así como 3,5 millones de viviendas en las zonas rurales. "Muchas ciudades están en ruinas. Miles de pueblos fueron arrasados. La gente vivía en agujeros en el suelo. Gran parte de las fábricas, presas, puentes, construidos con gran esfuerzo en el periodo del primer Plan Quinquenal, ahora tenían que ser reconstruidos", declaraba el historiador Alec Nove (An Economic History of the USSR, p. 292).

En el periodo de la posguerra, sin ningún Plan Marshall de ayuda, la URSS hizo avances colosales en todos los frentes. Gracias a la economía nacionalizada y a la planificación, la Unión Soviética rápidamente reconstruyó sus industrias devastadas, con tasas de crecimiento de más del 10%. Junto con EEUU, la URSS surgió de la guerra como superpotencia mundial. "La historia del mundo no conoce nada parecido", declara Alec Nove. Ya en 1953, la URSS había construido un stock de 1,3 millones de máquinas-herramientas de todo tipo, el doble de las que tenía antes de la guerra. Entre 1945 y 1960, la producción de acero pasó de 12,25 a 65 millones de toneladas; la de petróleo, de 19,4 a 148; y la de carbón, de 149,3 a 513. Entre 1945 y 1964, el ingreso nacional soviético creció un 570%, comparado con el 55% en los EEUU. No olvidemos que EEUU salió de la guerra con todas sus industrias intactas y dos tercios del oro del mundo en sus cajas fuertes. De hecho, se había beneficiado enormemente del esfuerzo de guerra, y como resultado fueron capaces de imponer su dominación en todo el mundo capitalista.

Antes de la guerra, la Unión Soviética aún se encontraba muy por detrás no sólo de EEUU, sino también de Gran Bretaña y Europa. Sorprendentemente, a mediados de los años 80 la URSS había superado a Gran Bretaña y a la mayoría de las demás economías capitalistas, con la excepción de los EEUU. Por lo menos en términos absolutos, la URSS ocupaba la primera posición en sectores clave de la producción: acero, hierro, carbón, petróleo, gas, cemento, tractores, algodón, muchas herramientas de acero... La Massachussets Cambridge Engineering Research Association describía la industria del gas natural soviética, que duplicó su producción en menos de diez años, como una "espectacular historia de éxito" (Financial Times, 1/11/85). Incluso en el campo de los ordenadores, donde en los años 70 se decía que Rusia estaba diez años por detrás de Occidente, el diferencial se había reducido hasta el punto de que los expertos occidentales reconocieron que sólo era de unos 2 ó 3 años. La prueba más espectacular de la superioridad de la economía planificada, donde se gestionaba bien, era el programa espacial soviético. Desde 1957, Rusia había estado a la cabeza de la carrera espacial. Mientras los americanos aterrizaban en la Luna, los rusos estaban construyendo una estación espacial que les llevaría a los confines más remotos del sistema solar. Como resultado secundario, la Unión Soviética estaba vendiendo cohetes Protón, baratos y fiables, en el mercado mundial a precios 10 millones de dólares más baratos que el programa espacial europeo Ariadne.

Todavía en 1940, dos tercios de la población vivían en condiciones de atraso rural. Ahora, toda la situación ha cambiado. Dos tercios viven en las ciudades y sólo un tercio en el campo; en otras palabras, hemos visto los mismos procesos que vimos en Occidente en los últimos 50 años, es decir, el desarrollo de la industria, provocando un enorme fortalecimiento del proletariado a costa del campesinado y las capas medias de la sociedad. Sin embargo, en la URSS, este proceso de proletarización se ha llevado hasta extremos impensables, con la concentración de la fuerza de trabajo en enormes plantas industriales de 100.000 trabajadores o más. El proletariado soviético actual, lejos de ser atrasado y débil, es la clase obrera más poderosa del planeta. La situación de la educación se ha transformado completamente. Este fue uno de los logros históricos más importantes de la Revolución de Octubre. En la URSS, uno de cada tres trabajadores era cualificado, y una gran proporción de hijos de trabajadores tenían acceso a la universidad. El número total de estudiantes de educación técnica, media y superior se cuadruplicó entre 1940 y 1964. En 1970 había 4,6 millones de estudiantes, con 257.000 ingenieros titulados. En comparación, en los EEUU había 50.000 graduados en este campo. En Rusia se gastaba cuatro veces más en educación por habitante que en Gran Bretaña. Un simple vistazo superficial a los datos indica la superioridad de la economía planificada sobre las necias excusas de los dirigentes reformistas de Occidente, que han aceptado la necesidad de recortar drásticamente el gasto en educación, sanidad y los gastos sociales en general.

El crecimiento de la economía conllevó una mejora sostenida del nivel de vida. La inmensa mayoría de los rusos en el periodo anterior tenían televisores, frigoríficos y lavadoras. Todo esto se consiguió sin paro ni inflación. Los alquileres estaban fijados alrededor del 6% de los ingresos mensuales y aumentaron por última vez en 1928. Un pequeño piso en Moscú, hasta hace poco, costaba unas 2.000 ptas. al mes, incluyendo gas, electricidad, teléfono y agua caliente. El kilo de pan costaba unas 40 ptas. y, al igual que el azúcar y la mayor parte de los productos alimentarios, aumentó de precio por última vez en 1955. Los precios de la carne y los derivados de la leche habían aumentado por última vez en 1962. Con el movimiento hacia el capitalismo en los años 80, esta situación ha cambiado radicalmente, desde el recorte de los subsidios a la abolición de los controles de precios. En 1993, la inflación llegó al 2.600%, y si bien desde entonces ha disminuido, sigue siendo muy alta.

Las ventajas colosales creadas por una sociedad que había abolido el capitalismo y el feudalismo fueron evidenciadas, al menos en líneas generales, por este crecimiento sin precedentes. Sin embargo, los avances de la economía soviética en los primeros sesenta años fueron extremadamente desiguales y contradictorios. Estaban lejos de la visión idílica pintada por los amigos de la URSS. Sin duda, un régimen de democracia obrera hubiese sobrepasado largamente lo conseguido bajo el estalinismo, con toda su corrupción y mala gestión. En este desarrollo contradictorio de la economía soviética reside la clave para comprender el colapso del estalinismo a finales de los años 80 y el movimiento hacia la restauración capitalista.

Las leyes del desarrollo del capitalismo como sistema socioeconómico fueron analizadas brillantemente por Marx en los tres volúmenes de El Capital. Sin embargo, el desarrollo de la economía planificada y nacionalizada, que es el requisito previo para la construcción del socialismo, se da de una manera totalmente diferente. Las leyes del capitalismo se expresan en el juego ciego de las fuerzas del mercado, a través de las cuales el crecimiento de las fuerzas productivas es automático. La ley del valor, expresada a través del mecanismo de la oferta y la demanda, redistribuye los recursos de un sector a otro. No hay planificación ni intervención consciente. Este no puede ser el caso cuando el Estado centraliza la economía en sus manos. El Estado obrero juega el mismo papel respecto al conjunto de la economía, que un capitalista individual en el marco de una sola fábrica.

Por eso, las acciones del gobierno soviético en las últimas siete décadas han jugado un papel decisivo, para bien o para mal, en el desarrollo económico. "No hay ningún otro gobierno en el mundo", señaló Trotsky, "que tenga concentrado hasta ese punto el destino de todo el país... El carácter centralizado de la economía nacional hace que el poder estatal se convierta en un factor enormemente significativo". En estas condiciones, la política del régimen era decisiva. El callejón sin salida de la gestión burocrática fue lo que llevó los fuegos artificiales del avance económico a un parón súbito. A diferencia del desarrollo del capitalismo, que se basa en el mercado para la distribución de los recursos, una economía nacionalizada necesita una planificación y dirección conscientes. Esto no lo pueden hacer con éxito un puñado de burócratas en Moscú, ni siquiera si fueran Marx, Engels, Lenin y Trotsky; requiere la participación de las masas en la gestión de la industria y el Estado. Sólo un régimen de democracia obrera sería capaz de canalizar el talento y la iniciativa de la sociedad. Un régimen de despilfarro burocrático inevitablemente llevaría a un frenazo de la economía a medida que se hacía más sofisticada y avanzada tecnológicamente. Hacia los años 70, la economía soviética había llegado a un completo impasse. Pero las razones para ello son el tema de un capítulo posterior.

Baste con decir que, a pesar de la asfixia burocrática del estalinismo, los éxitos de la economía planificada se demostraron no en las páginas de El Capital, sino en un terreno industrial que abarcaba una sexta parte de la superficie de la tierra; no en el lenguaje de la dialéctica, sino en el del acero, el cemento y la electricidad. Como explicó Trotsky: "Aun en el caso de que la URSS, por culpa de sus dirigentes, sucumbiera a los golpes del exterior —cosa que esperamos firmemente no ver— quedaría, como prenda del porvenir, el hecho indestructible de que la revolución proletaria fue lo único que permitió a un país atrasado obtener en menos de veinte años resultados sin precedentes en la historia". (L. Trotsky, La Revolución Traicionada, p. 53).




--------------------------------------------------------------------------------

capítulo I: Balance de Octubre
¿Fue la Revolución de Octubre un golpe de Estado?

Fundación Federico Engels

e-mail: elmilitante_argentina@yahoo.com.ar       Homepage: http://argentina.elmilitante.org

añadir comentarios