La sombra de la derecha sobre la Asamblea Constituyente (((i))) lp (18/06/2007 11:50) El proceso constituyente está en su fase final. Las autonomías y la definición plurinacional del país han agudizado el conflicto con los representantes de la derecha, quienes se resisten a cambiar las viejas estructuras estatales incluyendo, de manera inédita, las autonomías indígenas. En esa medida, la Asamblea Constituyente es un hecho político importante porque definirá las características de las nuevas condiciones de las luchas sociales, a pesar de algunos cuestionamientos sobre la forma de su realización, de representatividad y del alcance de los cambios que puedan resultar en el nuevo texto constitucional. Por este motivo, los partidos de derecha van apuntando sus acciones hacia la Asamblea Constituyente, a través de acciones violentas y desesperadas, con el objetivo de provocar caos que la invaliden o la detengan. Por su parte, las organizaciones y movimientos sociales, los pueblos indígenas y naciones originarias, también preparan acciones pues no están dispuestos a retroceder ni un paso porque sienten que ahora la vida y el mundo les pertenece, son un derecho. Este campo de batalla que se abre y se intensifica, concentra la forma actual en que se presenta la forma de la emancipación indígena originaria y la lucha de clases en Bolivia. La lucha de clases en el actual período La lucha de los movimientos y organizaciones sociales del 2000 al 2005, ha tenido como características la resistencia al modelo y la confrontación con un Estado colonial y liberal. En esas luchas se han ido expresando con toda claridad los rasgos particulares de la emancipación de los pueblos indígenas y las naciones originarias que se enfrentaban a un Estado colonial desenmascarando su naturaleza racista, rescatando su pasado común, sus símbolos ancestrales y su historia propia de rebelión. Pero al mismo tiempo se han ido expresando también con claridad las características de la lucha contra el modelo neoliberal y el sistema capitalista por parte de los sectores subalternizados a la lógica del valor que consolidaron formas de organización territorial barrial, otras basadas en la herencia indígena de organización y la de los combativos sindicatos, especialmente mineros. Ambas luchas se han entretejido cuestionando el sistema político liberal partidario y el sistema capitalista, llegado incluso a fundirse físicamente cuando se enfrentaron al ejército para expulsar a la transnacional Bechtel, para expulsar del gobierno al gringo masacrador Sánchez de Lozada y para continuar con el proceso político de emancipación del cual uno de los caminos ha sido derrotar en el terreno electoral a los partidos derechistas para imponer el primer gobierno indígena con base en los movimientos y organizaciones sociales. Estas características no hacen más que cambiar de forma en el actual período. La lucha de los pueblos indígenas originarios y de los sectores subalternos, no ha terminado con el actual gobierno, porque la lucha por la descolonización del Estado, la política y la economía, como también la lucha contra el modelo neoliberal y el sistema capitalista, continúan. El gobierno está impulsando condiciones favorables para ambas expresiones de la lucha social, pero siguen existiendo sectores de la llamada ?oligarquía nacional? que sacan las garras en todo lugar donde pueden reunir un mínimo de fuerzas para crear desconfianza en el gobierno utilizando los grandes medios de comunicación que contribuyen a provocar la desestabilización política y social. La Asamblea Constituyente Cuando se inició el proceso constituyente, desde algunos sectores han habido cuestionamientos sobre la forma de elección de los constituyentes, de su articulación con el conjunto de los sectores sociales, incluso de los alcances que podría tener el nuevo texto constitucional, sin embargo, la expectativa de parte de amplios sectores de la población se mantuvo. Más allá de las teorizaciones sobre el carácter y alcances de la Asamblea Constituyente, está muy claro que ha sido uno de los espacios en los cuales todos los explotados y marginados han depositado sus esperanzas, por eso no se puede comprender la Asamblea desde los esquemas teóricos del grado revolucionario de la misma o de sus propuestas constitucionales, sino que se la tiene que entender ?necesariamente- como expresión política de ese proceso de emancipación en el que los sectores sociales han depositado la posibilidad de ejercer los derechos que tienen en este país, el derecho a sentirse iguales, el derecho a que su voz sea escuchada, a que sus aspiraciones sean tomadas en cuenta, pero más aún, el derecho a apropiarse de la política deliberando y decidiendo sobre el destino de este país. Por eso es que esta Asamblea Constituyente va más allá de lo que el mismo Movimiento Al Socialismo haya planteado. Las propuestas de las organizaciones y movimientos sociales, de los pueblos indígenas y las naciones originarias, no son idealmente revolucionarias porque esa no es su intención, son realmente revolucionarias porque plantean condiciones objetivas favorables para desarrollar su lucha contra las oligarquías nacionales y contra el poder de las transnacionales, generando paralelamente condiciones para pensar en la producción de una comunidad contra el Estado colonial heredado. Autonomías departamentales y autonomías indígenas Muchas fuerzas políticas conservadoras, internas y externas, ven un peligro inmenso en la actual Asamblea Constituyente y van apuntando sus acciones para deslegitimarla o en su caso destruirla. Esto se expresa de manera concreta en las acciones que sucedieron en Sucre cuando fuerzas políticas de derecha utilizaron la violencia para destruir oficinas y también en las amenazas de los Comités Cívicos de la media luna que plantean una ?autonomía de facto? que podría provocar una guerra civil. La autonomía departamental promovida por los sectores más conservadores del oriente boliviano, tiene un origen histórico en los planes de desarrollo capitalista del país promovido por EEUU que en los años 40?, con el Plan Bohan, desplazaba todos los excedentes mineros generados en occidente hacia el oriente para ?diversificar la economía? con la intención de crear una burguesía nacional asentada en la agroindustria y vinculada a la economía internacional. En el período nacionalista, nuevamente fue impuesto este modelo y el resultado no fue el nacimiento de ninguna burguesía pero sí de la oligarquía que ha manejado el Estado boliviano de acuerdo a sus intereses y a los intereses de sus socios privados transnacionales. Es obvio que se requiere una mayor descentralización estatal para el desarrollo de las regiones, y es precisamente con este pretexto que los sectores conservadores han ganado apoyo social en sus regiones, pero el tema de las autonomías que plantean no se restringe a una mayor descentralización, en su propuesta es muy fácil identificar que lo que buscan es un control absoluto sobre los recursos naturales bajo un modelo político excluyente y racista. Como producto de la presión de los comités cívicos ?a través de un referéndum- se incorporó el tema de las autonomías departamentales en la Asamblea Constituyente como un punto prioritario. Sin embargo, en la Asamblea Constituyente también se plasmaron propuestas de otros tipos de autonomía, las autonomías provinciales, regionales y las más importantes, las autonomías indígenas. En estos momentos estos otros tipos de autonomías no se oponen a la autonomía departamental, pero sí exigen sus derechos. La furiosa oligarquía se opone rotundamente a este tipo de autonomías poniendo mayor énfasis contra las autonomías indígenas porque están concientes que todo derecho de los verdaderos dueños de este territorio y todo derecho de los sectores explotados, es una disminución de su cómoda existencia. Autonomías indígenas La media luna no tiene fundamento racional ni político para oponerse a las autonomías indígenas que tiene una larga y paciente demanda histórica, incluso están contempladas en el derecho internacional en la Resolución 169 de la OIT y en la Declaración de la ONU sobre pueblos indígenas que se está trabajando actualmente. Bolivia tiene 37 pueblos indígenas en cuyos territorios (que ocupan la mayor parte del territorio nacional) se encuentran importantes recursos naturales. La autonomía indígena propuesta por sus organizaciones para la Asamblea Constituyente reconoce un Estado nacional centralizado que debe reconocer la diversidad cultural y la multiplicidad de naciones al interior del país en todos los niveles constitucionales; exigen también la libertad al ejercicio de su propia cultura en los ámbitos políticos, económico y social dentro de sus territorios; la decisión y beneficios por la producción de los recursos naturales de su región; y la interrelación entre los distintos pueblos indígenas. En esencia la propuesta indígena, se opone a la lógica civilizatoria del valor y a su expresión política proponiendo la comunidad en su relación armónica con la naturaleza como base para la vida. Posibles desenlaces Estamos en un punto en el que se ve claramente que la intención de las oligarquías es obstaculizar y detener la Asamblea Constituyente, creando conflictos para desestabilizar al gobierno reuniendo todas las fuerzas que tienen en el interior del país como también con las alianzas que puedan realizar fuera del país. Lo hacen de una manera intencionada porque es su estrategia para recuperar los espacios políticos y económicos que han perdido con el actual proceso de transformación, pero de manera inconsciente cuando les aflora su prepotencia y racismo frente a la democratización de lo público. Las amenazas de ?autonomía de facto? no es otra cosa que la amenaza de guerra civil y los conocidos aprestos paramilitares en la región empiezan a hacerse discurso público en sus juventudes fascistas. Pero también estamos frente a un proceso social de transformación que tiene como principales sujetos a los pueblos indígenas y las naciones originarias, como también a los sectores subalternos, ambos han interiorizado en sus prácticas, sus luchas, su organización y sus mismos cuerpos, la apropiación de lo político como algo propio que se expresa en la explicitación de sus derechos, irrenunciables. En la Constituyente es probable conseguir condiciones favorables para la lucha social, para impedir el saqueo, para reconocer la igualdad, para el reconocimiento de la multiplicidad nacional y cultural. No se acabará la lucha de clases ni el colonialismo con una nueva Constitución Política porque la lucha no sólo es constitucionalista y no se agota con leyes más favorables, a pesar de eso, es importante defender los logros que se puedan conseguir. Por eso hay que tener los ojos bien abiertos y mantener y profundizar los niveles políticos y de organización para seguir avanzando en este proceso. añadir comentarios |